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17 abril 2009

Amitabha: la Luz Infinita que ilumina el Universo


La Sagrada Trinidad: Amitabha, acompañado por sus dos asistentes, Avalokitesvara, a su derecha; y Mahasthamaprapta, a su izquierda

Texto y foto de: Luis M. Chong
En la mayoría de los hispanoparlantes, cuando ocurre algo inusitado, la expresión más comúnmente usada para manifestar el asombro o la emoción del momento es “Dios mío”. El equivalente en chino para esta expresión sería Amito Fo (Amida Buda), y no sólo como una manifestación de asombro o temor; sino también una forma de saludo formal entre los creyentes del budismo.
La fórmula es en realidad un tributo al Buda Amitabha de la Escuela de la Tierra Pura, que practican la mayoría de los budistas chinos. Básicamente se repite la fórmula Amida Buda (sagrado nombre de Buda) y se fortalece el deseo de renacer en la Tierra Pura de Suprema Felicidad de Occidente, lo cual se puede alcanzar gracias al poder de salvación de los cuarenta y ocho votos de este Buda.
Amitabha es el buda más importante de la secta de la Tierra Pura, una rama del budi-s-mo Mahayana o del Vehículo Mayor que se practica esencialmente en el Este Asiático. Según los sutras o libros sagrados del Budismo, Amitabha posee infinitos méritos como resultado de sus buenas acciones en incontables vidas pasadas como un bodhisattva llamado Dharmakara. El término Amitabha puede traducirse como “luz infinita”, y por ende se le denomina frecuentemente como el “Buda de la Luz Infinita”.
Según el Sutra Sukjavativyuha o Sutra de la Vida Inco-nmensurable, Amitabha fue un monje llamado Dharmakara, que vivió en tiempos muy remotos y posiblemente en otro mundo. En algunas versiones del mismo Sutra, se describe a Dharmakara como un antiguo rey que, tras conocer las enseñanzas budistas del Buda Lokesvara-raja, renunció a su trono. Posteriormente, decidió convertirse en un buda y poseer un budaksetra o reino existente en un universo primordial fuera del espacio y tiempo que conocemos, producto de los enormes méritos de un iluminado, donde existiesen muchísimas perfecciones.
El Sutra Sukjavativyuha o Sutra de la Vida Inconmensurable es un texto sagrado del budismo Mahayana, y constituye uno de los tres textos sagrados más importantes del budismo de la Tierra Pura, siendo el más extenso de ellos.
En sus 48 votos, Amitabha muestra su inmensa preo-cupación por todos los seres del Universo, a tal extremo que en su primer voto ya manifiesta que rehusará obtener la iluminación perfecta si existe algún lugar en su Tierra llamado “infierno”, donde sufran las ánimas y los animales.
De igual manera, rechazaría a su iluminación perfecta, si por alguna negligencia existan seres con algún tipo de imperfecciones, incluyendo las imperfecciones mentales que puedan tener inclusos los seres menos privilegiados. Estos 48 votos constituyen una garantía para entrar en la Tierra Pura o de la Bendición Suprema, sitio donde deben aspirar a llegar todos los seres sensibles (humanos) tras haber pasado por los diferentes paraísos temporales de otras creencias posteriores.
Allí, según lo describió al Anciano Sariputra en el Sutra Amitabha, los seres que lo logran disfrutarán de la felicidad suprema y nunca más sabrán acerca del sufrimiento. Con el poder espiritual de Amitabha, todos los seres de este mundo podrán entender el budismo, permitiendo que puedan practicarlo diligentemente y finalmente, alcanzar la iluminación. Esa iluminación llevará al practi-cante por el sendero que conduce a la Tierra Pura.
Por esa razón, los fieles budistas recitan con frecuencia el nombre de Amitabha, de modo que puedan renacer en esa Tierra Pura después de haber concluido sus vidas en el ámbito terrenal.
A través de sus enormes esfuerzos meritorios, Amitabha creó la Tierra Pura, que se denomina Sukhavati, que significa “poseedor de la felicidad” en sánscrito. En chino se le conoce como Chingtu (Jingtu); mientras que se llama Jodo en japonés, y Tinh do en vietnamita.
El Sukhavati está situado en el occidente extremo, más allá de las fronteras de nuestro universo. Por el poder de sus votos, Amitabha ha hecho posible que los creyentes que invoquen su nombre y cultiven méritos en el mundo de los mortales, puedan renacer en esta tierra, donde podrán seguir cosechando más méritos y finalmente, convertirse en bodhisatvas o budas. Ya en ese estado de extrema santitud, podrán retornar a nuestro mundo para ayudar a otras personas a seguir este sendero meritorio para llegar a esa tierra sumamente lejana y remota en términos físicos, pero cercana en términos espírituales. Allí, se encuentran los otros “paraísos” que describen algunos textos sacros de otras religiones.
En la tradición budista china, la devoción hacia Ami-tabha se resume en el Sutra Amitabha, que es una versión condensada del Sutra Sukjavativyuha. Se conoce en chino como Amito Ching o el “Discurso de Buda sobre el Sutra Amitabha”.
El mismo fue traducido del sánscrito al chino por el maestro budista Kumarajiva en 402. Se cree que existió en India antes del año 100 de la Era Cristiana. Su contenido es notablemente más corto que los otros sutras de la secta de la Tierra Pura, y consiste de un discurso del Buda Sakyamuni a su discípulo Sariputra, en la Gruta de Jeta.
En el mismo se describe cuáles son las maravillas que esperan a los virtuosos en la Tierra Pura de Occidente, así como los seres divinos que moran allí, incluyendo al Buda Amitabha. El texto también indica qué méritos debe hacer una persona en vida para poder llegar a esa Tierra Sagrada.
En la práctica del budismo Chan (Zen, en japonés) de la secta de la Tierra Pura, el Sutra Amitabha se recita frecuentemente como parte de la invocación o servicio no-c---turno, siendo parte de los esfuerzos medi-ta-tivos para adquirir méritos. También es recitado en los ritos funerarios budistas, con la esperanza de que el mé-rito generado por la recitación del sutra pueda ser transmitido al fallecido.
Por lo general, resulta difícil distinguir la imagen de Amitabha de una de Sakyamuni, el Buda histórico; ya que ambos son representados como poseedores de todos los atributos de un buda o iluminado, y carecen de marcas propias que los separen a primera vista. La clave para distinguir a las dos deidades es la mudra o postura simbólica de las manos. Cuando se presenta a Amitabha sentado, suele mostrarse con la mudra de meditación (con las manos juntas y las palmas de la mano hacia arriba) o la mudra de exposición, con las palmas de ambas manos expuestas. La mudra de toque de tierra, con la mano derecha estirada hacia abajo y la palma recogida hacia adentro, se reserva exclusivamente para ser usada en una imagen de Sakyamuni sentado.
En las imágenes de pie, Amitabha aparece frecuente-mente con su brazo derecho desnudo extendido hacia abajo y la mano con la palma expuesta, y el brazo izquierdo levantado y la mano en posición de flor de loto (pulgar tocando el índice). El significado de esta mudra es que la sabiduría, simbolizada con su mano levantada, es accesible incluso para los seres más inmundos. La mano extendida muestra la compasión de Amitabha por los seres más inmundos, que no están en capacidad para salvarse a sí mismos.
En Taiwan, al igual que en muchas partes de China, la imagen de Amitabha suele aparecer en los templos y altares budistas acompañado por dos asistentes, Avalokitesvara o Diosa de la Misericordia, que aparece a su derecha; y Mahasthamaprapta o Diosa de la Sabiduría, que se encuentra a su izquierda. Las tres deidades constituyen la Sagrada Trinidad primigenia.
Amitabha también puede aparecer solo en un templo o altar budista, dedicado a su veneración. Pero, por lo general, los fieles suelen colocar imágenes o estatuas más pequeñas de otras deidades budistas, especialmente Avalokitesvara, como objetos accesorios del culto.
En el lamaísmo o budismo tibetano, Amitabha es representado como una deidad roja, el color que denota amor, compasión y energía emocional. Como se ha explicado anteriormente, el punto cardinal que representa es el oeste, y es símbolo del ocaso, por el color rojo que caracteriza los atardeceres. Siendo el poder supremo y poseedor de la energía de la naturaleza, permite que ésta última sea accesible a todos los seres sensibles en la Tierra. Por esa razón, es el Buda más popular de los Dhyanis o Cinco Grandes Budas.
Por esa razón, es común ver pequeños afiches y pegatinas con la frase Namo Amito Fo (Amida Buda, el Inconmensurable) adheridos a los carros, edificios, postes de luz y muchos otros sitios en Taiwan. Además, en los sitios donde hayan ocurrido accidentes fatales, se suele colocar un poste de piedra con la misma frase para aliviar a los malogrados y bendecir a quienes tengan que pasar por ese sitio.
Su culto se extiende por todo el Asia Oriental y Central, llegando hasta el noroccidente de India, Pakistán y Afganistán, donde muchos fieles invocan su santo nombre, inclusive siendo creyentes de la fe islámica. Su presencia radica en el corazón del ser humano, y por lo tanto, no hay necesidad de exteriorizar la devoción al Buda Inconmensurable. Es como la luz, que brilla omnipresente de día, en templos, iglesias, sinagogas o mezquitas, y se permea entre las oraciones de todos los fieles para seguir dando energía positiva para que perdure el bien y triunfe finalmente sobre el mal.

17 febrero 2009

Deseos de mejora se elevan al cielo

El Festival de los Faroles es la feliz culminación de las celebraciones de Año Nuevo lunar. A la luz de la luna llena, la gente se reúne a escribir sus mejores deseos sobre faroles celestiales que dejan escapar hacia el firmamento; los niños pasean con faroles decorados; y las familias se reúnen a comer yuan xiao o bolitas de arroz glutinoso, dulces o saladas, simples o rellenas, pero siempre acarreando el significado de "completo" y de "unión perfecta".
Por toda la isla de Taiwan, las festividades encienden las noches frías con luz y color. De norte a sur, diversas localidades celebran el festival con la intención de atraer visitantes y resaltar la cultura local. En Taipei, en el Monumento Conmemorativo a Sun Yat-Sen, se presentaron carrozas con faroles con motivo al Año del Buey, así como una exhibición relacionada a las venideras Olimpíadas para Sordos. Kaohsiung también tuvo su propio despliegue de faroles, junto con fuegos artificiales y actividades relacionadas a los Juegos Mundiales. No obstante, el mayor espectáculo de faroles se dio en Yilan, donde se realizó el festival nacional.
Siendo una de las actividades más concurridas, el Festival Internacional de los Faroles Celestiales en Pingsi, distrito de Taipei, atrajo este año a grupos artísticos de México, Japón y China continental. En la ceremonia realizada el 9 de los corrientes, el propio presidente Ma Ying-jeou acompañó a 200 invitados especiales y miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en Taiwan a escribir sus mejores deseos en los faroles celestiales y liberarlos en este poblado norteño.
El Mandatario manifestó su deseo de que la economía se recupere y escribió en su farol, decorado con un mapamundi: "para iluminar el mundo". Ma también deseó que, así como los faroles se elevan como ojos en el cielo, Taiwan sea bendecida desde lo alto y se convierta en una sociedad calurosa, próspera y segura.
Como nota especial este año, el artesano mexicano Pedro Durán presentó sus propios faroles celestiales. Asimismo, el grupo de ballet folclórico mexicano Faisán A. C. amenizó las frías noches y deleitó a los asistentes en la tradicional ceremonia.
En la fotografía, vemos la multitud congregada en Pingsi soltando miles de faroles que llevan sus deseos por un mejor año al cielo.
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Fuente: Boletín de noticias de la Oficina de Información del Gobierno de Taiwán